Entre 1967 y 1969, el rock atravesó un territorio que iba del sueño psicodélico al rito eléctrico. Strange Days de The Doors, Magical Mystery Tour de The Beatles y el primer álbum de Led Zeppelin son tres umbrales de esa transformación. En el primero, la voz de Morrison abre una grieta urbana donde la psicodelia se vuelve nocturna y ritual; en el segundo, los Beatles convierten el viaje en un juego de espejos, una fantasía circense que encubre la disolución de su propio idealismo; en el tercero, Zeppelin destila la herencia psicodélica en una invocación más antigua, donde el blues se vuelve invocación y misterio. Los tres discos comparten un mismo impulso: explorar los límites de la percepción y del sonido, usar el estudio como laboratorio y la música como experiencia visionaria. Escucharlos juntos es recorrer la caída del sueño sesentero hacia una conciencia más profunda, más oscura, y quizás más real.